CRÓNICA DE UN ADIÓS ANUNCIADO:
El michi que mandó el sillón al basurero
Lo que parecía un mueble eterno en la sala terminó su vida útil en el tren de aseo, víctima de un atentado doméstico. Todo comenzó cuando el gato de la casa —muy seguro de sí mismo— estampó su firma personal en el sillón, dejando a la dueña en estado de shock.
La señora no se rindió sin pelear: se puso las pilas, lo limpió a conciencia y lo sacó al sol con la esperanza de un milagro. Pero el destino ya estaba escrito.
Al final, no hubo de otra. Los muchachos del camión de la basura se llevaron el mueble, cerrando este drama casero que hoy solo sobrevive como una anécdota... y una advertencia felina.
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