Si hay un lugar que conoce de memoria a Barberena, ese es el Parque Barrios. Ahí se han sentado abuelos, se han dado el sí varias parejas, y hasta hoy sigue siendo el punto de reunión de siempre. Pero pocos saben todo lo que ese parquecito ha visto pasar.
El parque fue inaugurado en 1926, durante la administración de don Cesáreo de la Vega. Desde el primer día se pensó como un espacio de descanso y convivencia — o sea, desde hace casi cien años ya era el lugar pa' venir a platicar o simplemente a ver la vida pasar.
Entre los primeros elementos que le dieron identidad estuvo el pedestal con el busto del general Justo Rufino Barrios, y también se instaló un reloj donado por don Carlos Lenhof, administrador de la finca Viñas. Ambos quedaron pegados para siempre a la imagen del parque.
Pero el dato más chilero de todos es este: entre 1929 y 1930 apareció una estela en terrenos de la finca Viñas, durante unos trabajos para construir un patio de beneficio de café. Ni buscándola la hallaron — fue pura casualidad. Don Carlos Lenhof dispuso que la trasladaran al Parque Barrios, donde sigue hasta hoy: cerca de 1.80 metros de alto, 72 centímetros de ancho y 40 de grosor. Una pieza con siglos de historia parada en pleno centro de Barberena, y muchos ni cuenta se dan.
Con el paso de las décadas el parque ha tenido su mantenimiento y sus mejoras, pero los elementos que lo marcaron desde el principio — el kiosco, el reloj, la estela — todavía se pueden reconocer. Entre 2020 y 2024 se hicieron trabajos de jardinización y conservación, según registró Guatemala.com, y el primer nivel del kiosco hoy funciona como biblioteca municipal.
Casi un siglo después de su inauguración, el Parque Barrios sigue siendo lo que siempre fue: un punto de encuentro entre generaciones, donde el pasado y el presente de Barberena se cruzan todos los días sin que casi nadie lo note.
Fuentes: Guatemala.com y la ficha de SICultura sobre el Parque Barrios.

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